Nada de “mujeres maravilla”, hoy paramos todas

Las trabajadoras de Rosarioplus.com se adhieren al Paro de Mujeres, bancadas por sus compañeros varones, quienes continuarán con la actualización del sitio de 12 a 15. En este texto, elegido para cubrir la home durante las tres horas de la movida, la periodista e integrante del colectivo Ni una menos Rosario Virginia Giacosa explica lo que tantos se preguntan: ¿por qué un paro?

Este 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer tiene un gusto bien diferente. Aunque no faltará el bombardeo de promociones para pasar un día de spa con amigas, las ofertas de ropa, el 2x1 en tragos y los ramitos de flores a cada paso de la peatonal, este #8M quedará escrito en la historia. Es que las mujeres paramos. Y en esta huelga no somos pocas.

El #ParoInternacionalDeMujeres (que se empezó a cocinar desde el 19 de octubre pasado con el primer paro de mujeres) se hará sentir en 54 países. Y en Argentina son por lo menos 60 ciudades, entre ellas Rosario, las que están convocando a las mujeres a hacer un alto en la producción de todos los días.

Pero… ¿cómo es un paro de mujeres? ¿Cómo se siente que las mujeres dejemos de hacer por unas cuantas horas? Y además de eso, la pregunta clave: ¿por qué paramos las mujeres? 

8M - Paro Internacional de Mujeres

 

Posted by Ni una menos Rosario on miércoles, 1 de marzo de 2017

En el país, actualmente somos 9 de cada 10 las mujeres que hacemos las labores domésticas, trabajemos fuera del hogar o no. Mientras que 4 de cada 10 varones no hacen nada. En los años 60, solo 2 de cada 10 mujeres trabajaba fuera del hogar. Hoy somos casi 7 de cada 10 las que lo hacemos.

Esto quiere decir que si por lo menos desde las 12 a las 15 de este #8M las mujeres decidimos dejar nuestro puesto, hacer una pausa en el cuidado de los hijos y delegar las tareas domésticas eso se sentirá con bastante fuerza tanto en la calle, como en los espacios de trabajo y en cada casa.

¿Por qué cuesta que los varones entiendan de qué se trata una huelga de mujeres? ¿Será porque sienten que sus privilegios peligran? ¿Por qué no les convence que su forma de acompañar la medida sea tomando el lugar que sus compañeras dejan vacío? O será que: ¿Al parar no sólo dejamos de producir sino que también restamos a esa “plusvalía emocional” en la que fuimos entrenadas durante siglos para el cuidado del hogar y de las demás personas? 

Sin embargo, que los varones no nos comprendan no es una novedad. Quizás la tarea más titánica de estos tiempos es que las demás mujeres también se sientan parte de esta misma lucha. 

Porque hoy paramos seamos trabajadoras, amas de casa, maestras, profesionales, desocupadas, académicas, obreras, periodistas, artistas, madres, hijas, abuelas, empleadas domésticas. Somos y seremos muchas. Iguales pero diferentes. Y llevamos carteles y consignas tan amplias como diversas para que entremxs todxs. Es casi imposible pensar que ninguna te represente. 

Paramos porque la brecha salarial entre hombres y mujeres existe, porque sabemos lo que significa congeniar el trabajo rentado con el que no lo es, porque son esas tareas del cuidado las que nos obligan tomar trabajos más precarizados o a resignar nuestras carreras profesionales. Porque en contextos de crisis como éste somos las más perjudicadas y la desigualdad se profundiza más para las mujeres. 

Paramos porque queremos elegir sobre nuestros cuerpos y porque no sólo abortar es nuestro derecho sino parir como queremos. Porque la sexualidad no es sólo reproductiva, también es un goce y puede tener las formas más diversas. Porque cuando te despedís de una amiga en medio de la noche le pedís que te avise que llegó bien a su casa y eso es sabernos juntas pero en peligro. Porque no hace falta haber sido golpeada para saberse vulnerable o violentada.  Porque es el Estado el que debe protegernos y no lo hace. Paramos porque no queremos ser las “mujeres maravilla” que todo lo pueden. Ni tener los súper poderes de centrifugado y planchado que nos venden las publicidades. Paramos y hoy con nosotras se para un poco el mundo pero también se mueve. Paramos porque nos queremos deseantes, en movimiento. Nos queremos vivas.  

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