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Así fue la charla en la que Temer da el ok a los sobornos

Temer cumple un año en el poder con
Temer habla con un diputado (EFE) 

La grabación en la que Michel Temer avala la compra del silencio de un aliado político lo pone en la cuerda floja. Es que si bien la ley impide que el presidente sea investigado por hechos anteriores a su mandato, en este caso podría abrirse una investigación ya que la grabación fue en marzo pasado.

Precisamente, el día 7 cerca de las 22.30. Minutos antes, Joesley Batista, dueño de JBS, uno de los frigoríficos más grandes del mundo, detuvo su auto en el Palacio de Jaburu, la residencia del presidente de Brasil. Sin chofer ni acompañantes pero con un grabador bajo la manga, Batista ingresó a la sala donde lo esperaba Temer y con quien compartiría los próximos 40 minutos de la noche.

A casi un año del impeachment que le otorgó el mandato interino del país, los riesgos aún volaban cerca aquella noche de marzo. Por eso el eje central de la charla no fue la situación del sector  cárnico o las exportaciones, algo que habitualmente interesaría a aquel hombre sentado frente al máximo funcionario de Brasil, sino cuestiones más oscuras.

El punto rojo del record ya titilaba en el dispositivo cuando Batista le admitió a Temer que estaba entregando dinero a Eduardo Cunha, ex presidente de la Cámara de Diputados, impulsor del impeachment a la ex mandataria Dilma Rousseff y preso por corrupción. El motivo del soborno era conocido entre los dos, pero no hizo falta ahondar en ello: se le pagaba para que no revelara lo que sabe de la red de sobornos ligadas al Lava Jato que pudiera complicar al presidente .

Satisfecho, Temer bajó el tono de voz instintivamente y dijo: "Tiene que mantener eso [los pagos], vio?". Una frase escueta pero clara, que alcanza para que la oposición pida el juicio político, o al menos se avance en una investigación.

Evidentemente Temer necesitaba de algún modo que ese dinero comprara el silencio de Cunha para garantizar estabilidad en su mandato. Sin embargo, todo cambió cuando Batista salió de aquel despacho, subió a su auto y se dio cuenta que en sus manos tenía una grabación que puede voltear a un presidente.

 

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