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Crónica del doble fusilamiento policial de Arijón y Callao

El fiscal Adrián Spelta detalló pruebas y evidencias contra los 18 policías que la mañana del 23 de junio participaron en la persecución y balacera que terminó con las vidas de dos jóvenes en Arijón y Callao. “Hubo un fusilamiento y luego la adulteración de la escena para incriminar a dos inocentes”, explicó

Las familias siempre apuntaron a la Policía como responsable (Foto: FB Justicia Por David Y Ema)

Todo empezó a las 10.40 de la mañana en la intersección de Grandoli y Gutiérrez. Fue el comienzo de una larga persecución que, treinta minutos más tarde, terminó con el “fusilamiento” –palabra utilizada por el fiscal que investigó el caso- de David Campos (28 años) y Emanuel Medina (32), dos nuevas víctimas de la enquistada y desenfrenada violencia institucional que sufre Rosario.

La reconstrucción que hizo Fiscalía del doble crimen a partir de los peritajes y la recolección de pruebas y evidencias no deja lugar a dudas: algunos policías dispararon sin motivo (se descartó el fuego cruzado), otros adulteraron la escena para entorpecer la investigación intentando simular un enfrentamiento y luego todos memorizaron la “versión oficial” para encubrir a los uniformados responsables e incriminar a las víctimas.

En la audiencia imputativa contra los 18 efectivos involucrados (13 hombres y cinco mujeres pertenecientes al Comando Radioléctrico y a la PAT), el fiscal Adrián Spelta acusó a Alejandro Bustos por el delito de homicidio calificado por abuso de función o cargo y al resto de sus compañeros les achacó la figura de encubrimiento doblemente agravado.

La expectativa de la primera pena es de prisión perpetua. La segunda tipificación oscila entre un año y doce de prisión efectiva. El fiscal, sin embargo, aclaró que las imputaciones de dos policías pueden modificarse con el devenir de la causa.

Se pudo acreditar que Marcelo Escalante, quien conducía el móvil en el que Bustos viajaba como acompañante, y Emiliano Mendoza, a bordo de otro patrullero, también dispararon contra el auto de las víctimas. Pero hasta el momento, explicó Spelta, no se pudo terminar de cuál de las dos armas (similares características) salieron algunas de las balas recuperadas del cuerpo de los jóvenes.

Hay una pericia aún en curso en poder de Gendarmería que, en principio, dilucidaría la duda que tiene hoy el fiscal. Por lo pronto, el juez Carlos Leiva resolvió la prisión preventiva de todos los agentes por un plazo de 60 días. A las cinco mujeres se les otorgó prisión domiciliaria. Una está embarazada, otra amamantando y las tres restantes con hijos menores de 5 años.

La exposición de Spelta incluyó la exhibición de mapas con el recorrido de los móviles, croquis de la escena del crimen, los registros de todas las cámaras de seguridad que filmaron la persecución, un video de un vecino, algunas declaraciones de testigos y el informe balístico realizado por la Policía Federal, clave para desarmar la versión oficial de lo ocurrido aquella mañana.

Al finalizar habló de un “fusilamiento” y de un relato policial “contrario y opuesto” a lo sucedido. “No me esperaba esto. Yo les creo a los policías cuando llegó a un lugar. Fueron ellos mismos los encargados de adulterar la escena para salvar a compañeros e incriminar a dos inocentes”, señaló.

La cacería

Los jóvenes salieron a bailar la noche del jueves para festejar el campeonato de Boca. David, empleado metalúrgico, puso su auto para la recorrida: un Volkswagen Up gris que había sacado del concesionario hacía dos meses con un plan de cuotas. La fiesta se extendió hasta la mañana del viernes. No se fueron a dormir y siguieron dando vueltas por las calles de la zona sur.

A las 10.40 empezaron a ser perseguidos por una moto de la PAT en Grandoli y Gutiérrez. Otros tres agentes motorizados se sumaron a los pocos minutos. Más tarde, ya con una huida a alta velocidad que se extendió por distintas calles y acceso de la zona sur, aparecieron varias camionetas y patrulleros.

Los rastros del GPS le permitieron a Spelta reconstruir la persecución, individualizar a los móviles y sus ocupantes, y conocer con exactitud el horario en el que los ocho patrulleros involucrados arribaron a Callao al 5700, el lugar del fusilamiento.

Por las cámaras de seguridad de la zona se pudo además comprobar que los primeros balazos ocurrieron ya en la persecución, tal como denunció en su momento la familia de Medina, el joven que conducía el auto.

En medio de la huida, Emanuel pasó dos veces por la puerta de su casa, en Roma y Lituania. Su papá y su hermano, quienes estaban en la vereda, declararon en Fiscalía que en un primer momento el auto era perseguido por una moto de la policía. Más tarde, cuando el vehículo volvió a pasar, ya había un patrullero en la persecución y el vidrio trasero estaba roto.

Las imágenes de una de las cámaras de seguridad muestran como dos de los cuatro policías motorizados le dispararon al auto a pocos minutos del comienzo de la persecución. Un disparo se efectuó con una escopeta antitumulto y el otro con un arma de fuego.

A las 11.08, un móvil chocó por detrás al Volkswagen Up, que perdió el control y terminó contra un árbol. A los pocos segundos llegó la Pick Up con Escalante al volante y Bustos en el asiento del acompañante. Los dos se bajaron y abrieron fuego.

En el acta policial, Bustos dijo que escuchó una “detonación y un vidrio roto” y que le vino a la mente un “enfrentamiento anterior” para justificar su actuación. Escalante declaró que vio a uno de los jóvenes armado, por lo que desenfundó su arma y efectuó más disparos. 

El fiscal Adrián Spelta

Mendoza, el tercer agente que disparó, llegó segundos después en un tercer móvil. El su declaración testimonial dijo que se acercó a la ventanilla del conductor, que le pareció ver “un movimiento” y que se le escapó un disparo, pero que no logró determinar dónde impactó.

Minutos más tarde, ya con el resto de los patrulleros en el lugar y con la venia del jefe del operativo, se orquestaron movimientos para adulterar toda la escena con el objetivo de intentar simular un enfrentamiento. Spelta calificó el plan de “torpe e ingenuo”.

Se recogieron vainas –los peritajes confirmaron más de veinte disparos pero se encontraron pocos cartuchos--, se plantaron armas y hasta se manipuló la mano de una de las víctimas para obtener un dermotest positivo.      

La pericia balística determinó que las vainas encontradas en el tambor de la pistola que supuestamente estaba en poder de Campos fueron percutadas (disparadas) por otras armas. Se sospecha que quienes participaron en la adulteración de las pruebas efectuaron disparos con los revólveres plantados luego en el auto.

En un video casero de un vecino grabado un minuto y medio después del fusilamiento de los jóvenes se escuchan otros cuatro disparos. Las detonaciones no fueron registradas en ninguna de las dos actas oficiales que se confeccionaron esa mañana. “Los quemaron, boludo, los quemaron”, repite en estado de shock el autor de la filmación.

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