La escuela secundaria: se quiebra, pero no se rompe

Boletines abiertos o cursados por proyectos interdisciplinares podrían ser el eje de cambio

La escuela secundaria no goza de buena fama, especialmente desde hace unos años. La ausencia de cultura general en los más jóvenes y la falta de preparación para el mundo del trabajo, objetivos primordiales del nivel en sus comienzos sólo quedan vestigios de otros tiempos.

Muchos sostienen que se podría dar un gran salto si el Ministerio de educación cambiara  la estructura del secundario; es decir, si la escuela dejara de lado el formato disciplinar atomizado y rígido. Sin embargo, los cambios nunca son buenos si vienen unilateralmente de arriba hacia abajo ya que correrían el riesgo de ser pensados por especialistas o por burócratas que tienen poco recorridos por las escuelas.  Y de esto hubo bastante en la historia del sistema educativo.

Si bien es necesario de políticas públicas, no sólo educativas, que acompañen a la escuela, es fundamental reflexionar sobre algunas cuestiones, tales como: cómo es el régimen académico actual, qué sujetos tenemos en las escuelas, qué discontinuidades se manifiestan en la enseñanza y en las instituciones que entorpecen los aprendizajes y, entre otros, cómo reformular un curriculum que históricamente tiene límites disciplinares.

En la provincia de Santa Fe, hay una propuesta ministerial que aborda esta estas cuestiones, sin embargo, a veces, se espera que otro –desde afuera- provoque el gran cambio.

Maestros, ¿eran los de antes?

Hasta finales de los ´60, un estudiante finalizaba la escuela media con una determinada orientación y podía ejercer la docencia. Los conocimientos disciplinares y de orientación pedagógica alcanzaban para ser un buen docente.

La caída del Muro de Berlín, entendida como metáfora, y todos los cambios que trajo aparejado la globalización, provocó un giro copernicano respecto de la mirada de la época y sobre los sujetos que conforman todas las instituciones. Los jóvenes de hoy son diferentes no sólo a sus padres y/ o abuelos, sino también a los adolescentes de otras comunidades u otros barrios. Formas de vida, costumbres, lenguaje, entre otros, los diferencia de tal manera que es imposible considerarlos homogéneamente.

Ahora bien, los docentes que transitan hoy las escuelas fueron formados con una visión más uniforme respecto de los estudiantes, con trayectorias escolares coincidentes con las expectativas generadas por todo el sistema educativo, en particular y por la sociedad, en general. Por lo tanto, es muy complejo cambiar la cultura profesional que interiorizaron a lo largo de su formación y en los comienzos de sus prácticas áulicas.

Entonces la frase: “no me prepararon para esto” es la más escuchada en las reuniones plenarias que da cuenta de un malestar docente que no encuentra en las autoridades una escucha atenta de los problemas que inundan las escuelas.

Una de las salidas que encuentran algunos directivos, acompañado por sus supervisores y, por ende, con respaldo ministerial, es plantear la enseñanza en clave institucional; es decir, buscar las condiciones colectivas que aporten a la innovación en pos de la calidad educativa. Los actores responsables de la gestión escolar han ido comprendiendo que la enseñanza es parte de la función directiva y que no sólo depende de la buena voluntad o de la preparación del docente a cargo de los grupos.

Otras formas de evaluar

Alguna pista más para proponer un cambio real podría ser reconsiderar la evaluación en la escuela secundaria. Un joven que aprueba Educación física en 2° año, por ejemplo, no sabe si se le homologará ese saber hasta no haber aprobado la mayor cantidad de materias. Es decir, un alumno que no aprobó 3 materias de un año escolar, deber recursar y aprobar nuevamente todas las materias del año anterior, ya estén certificadas o no. Este hecho, si ocurriera en la Universidad, nos llevaría a cuestionarla severamente, pero en el nivel secundario está absolutamente naturalizado.

Lejos de simplificar el tema o de reducirlo a un facilismo, lo que se propone es desacoplar el ciclo lectivo con el año escolar; es decir que se pueden tener validadas diez materias y, a boletín abierto, aprobar las otras disciplinas que no pudieron ser acreditadas en el año lectivo.

Asimismo, se podrían plantear cursados por proyectos de trabajo interdisciplinares, con problemáticas actuales. Tal como lo proponen los NIC o Núcleos interdisciplinares de contenidos -el curriculum oficial-, abordar temáticas que nos interpelen como sujetos sociales.

La educación es un derecho inapelable. Es función del Estado, en cada uno de sus actores,  ayudar a garantizarlo. El esfuerzo vale la pena.

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