De auto a chatarra: qué pasa con los vehículos que van al corralón

Unos 600 autos y 4.000 motos son reducidos a chatarra en cada compactación que la Municipalidad lleva a cabo en el corralón. Este procedimiento se practica al menos dos veces al año, y cada vez deja entre 850 y 900 toneladas de chatarra. Dicho proceso es el último eslabón de una larga cadena que comienza en cada operativo de control de tránsito donde, a partir de irregularidades con la documentación o por casos positivos de alcoholemia y narcolemia, un vehículo es secuestrado.

Cada uno de esos operativos tiene una cantidad importante de remisiones. En mayo, por ejemplo, el municipio confiscó un total de 2.404 vehículos (de los cuales 1.047 fueron motos). Durante el mes de junio, en tanto, la cantidad registrada fue de 2.323 (1.018 motos), según datos oficiales. “El corralón” municipal en realidad cuenta con dos predios: uno más pequeño ubicado en Moreno y Ocampo, y otro de dos hectáreas en Presidente Perón al 7900.

Muchos de los vehículos enviados al corralón son rápidamente recuperados por sus dueños, pero un porcentaje permanece en el predio largo tiempo sin ser reclamado. ¿Qué se hace entonces con los vehículos abandonados? Se compactan y se venden por tonelada como chatarra a empresas que la reutilizan.

Stella Maris Splendiani, directora del Tribunal de Faltas, explicó: “El predio de Moreno es más pequeño y es el que tiene toda la movilidad diaria. Allí van los vehículos que ingresan durante todo el día y la gente tiene la posibilidad de retirarlos de inmediato ya que cuenta con una Oficina de Liberaciones”. Pasadas las 48 horas, si el vehículo no fue retirado, “se traslada al depósito Oeste”.

"Los vehículos grandes como camiones, colectivos o máquinas de construcción como retroexcavadoras van directamente al Oeste por una cuestión de espacio”, especifica. También recaen en ese predio los vehículos abandonados en la vía pública, luego de que se intente comprobar la existencia de un titular.

El proceso de compactación

“Lo ideal son dos compactaciones al año, por la cantidad de vehículos que tenemos en los dos predios. Eso nos daría el espacio como para poder seguir con esta dinámica de ingreso y egreso”, cuenta Splendiani. El 16 de junio se inició la primera compactación del 2017 y se espera que para diciembre se haya iniciado la segunda.

A razón de entre quince y veinte por día, cada compactación tarda un mes y medio en completarse. “El trabajo preparatorio es muy importante porque primero hay que tener seleccionados los vehículos que reúnan los requisitos para ingresar a la compactación”, aclaró la directora de Faltas. 

Autos compactados en plena acción (Prensa Municipalidad)

Estos requisitos están determinados por Ordenanza y son: en primer lugar que el vehículo haya cumplido un plazo mínimo de seis meses de estadía en el predio. “Esto no significa que todo vehículo que cumpla ese plazo va a compactación, en general están mucho más tiempo”, añadió la funcionaria.

En segundo lugar, “se da aviso a todos los titulares de esos vehículos a través de la oficina de notificaciones de la Municipalidad y se les da oportunidad de presentarse”. Así es que si una vez comunicada la disposición para compactación, el dueño aparece y acreedita la titularidad, puede gestionar el retiro del vehículo en cuestión y “salvarlo” de convertirse en chatarra.

Todo el proceso es llevado adelante de forma terciarizada por una empresa que accede a través de un pliego licitatorio. A modo preparatorio, se encargan de instalar la máquina en el predio Oeste y llevar adelante la “descontaminación” de los vehículos a compactar: se les quitan los sistemas de gas, las baterías y todos los líquidos. Esto permite que esos residuos no contaminen el suelo, a la vez que garantiza que la chatarra sea reutilizable.

“La máquina convierte al vehículo en un paquete cuadrado. Eso se pesa, supervisado por personal municipal, para determinar la cantidad exacta de chatarra generada. Esa chatarra es vendida a la empresa Acindar que la procesa por molienda y separa lo reutilizable para sus procesos”, describe Splendiani.

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