Lo dólare, lo dólare, lo dólare…
El gobierno libertario se juega el futuro de su plan económico y su sustentabilidad política en estas horas, atado a cómo resulte el préstamo del FMI. Por ahora, todo el ajuste y motosierra devolvió a los salarios al poder de compra de los últimos meses de Alberto Fernández. La matriz exportadora que se viene ya no derramará sobre el PBI.
La frase que repetía el personaje creado por Diego Capusotto y Pedro Saborido, que manifestaba en las calles su desesperación por los billetes estadounidenses y su disposición a hacer cualquier cosa para conseguirlos, expresó mejor que ninguna otra imagen la situación del gobierno de Javier Milei esta semana. En el momento más crítico, el ministro de Economía Luis Caputo llamó a la titular del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, para que lo autorice a difundir la cifra del nuevo préstamo para ver si lograba calmar a los mercados. Pero la confirmación de los 20 mil millones de dólares no alcanzó. La ansiedad de los inversores necesitaba -y aún necesita- saber cómo, cuándo y para qué.
Es que en el mientras tanto se siguen quemando las escasas reservas para contener la cotización del blue y evitar una devaluación brusca que se comería el único activo del gobierno libertario de cara a las elecciones de octubre: la baja de la inflación. Lo explicó con mucha claridad el exministro de Economía que renegoció con el FMI la monumental deuda de Mauricio Macri. “Si vos le das durante meses el juego armado del carry trade a los inversionistas, una vez que ganaron cifras monumentales en dólares se van a querer retirar con lo suyo. Y cuando empiezan a hacerlo ven que se va a agotando la capacidad de pago y viene la desconfianza”, puso en claro Martín Guzmán.
Por eso además de cuánto y cuándo necesitan saber cómo. Cómo llegará el dinero que -ya se sabe- no será de una sola vez ni tampoco estará todo disponible para los apostadores. Una parte importante estará destinada al pago de la deuda. El FMI también está interesado en cómo van a pagarle. Algunos observadores ya no tienen medias tintas: “La desconfianza es porque el plan fracasó”, aseguran.
Si así resulta, todo el esfuerzo habrá sido en vano. Y si no es así, también. Según los datos del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE), dirigido por el economista rosarino Sergio Arelovich, el poder de compra del trabajador asalariado privado aún se encuentra 4 por ciento debajo de noviembre de 2023. El retroceso es muy superior (21 por ciento) en el caso de los empleados públicos. En el caso de la jubilación mínima, la consultora C-P explica que "la comparación interanual en enero mostró la primera mejora en 15 meses, sin embargo, el nivel fue un 20 por ciento menor al de 2020 y en términos históricos (salvando el año pasado) es el nivel más bajo de los últimos 20 años", cita el periodista Diego Rubinzal. Toda esta sequía para estar igual o peor que en los últimos meses del 2023. La gente empieza a notarlo.
Batalla cultural y fractura de la clase media
Es imperdible el trabajo de la consultora de Fernando Moiguer en el que se plantea que la Argentina proyecta una alta expectativa de crecimiento económico para los próximos años, basado esencialmente en el aumento de las exportaciones de energía y minería, pero que ese progreso no va a ser homogéneo sino que estará concentrado sobre todo en el eje andino y en la Patagonia. Esto implica un desplazamiento del epicentro productivo histórico del agro, situado en la zona pampeana, que si bien se mantendrá por lejos como el sector más dinámico, tiene menos potencial incremental.
Este crecimiento desparejo marcará un desafío, especialmente para el conglomerado urbano de Buenos Aires. “Desde la década del 70, el excedente que generaba el agro terminaba en la industria, a partir de un rol de redistribución del Estado. Ahora el excedente minero y energético, no se va a redistribuir, y eso va a generar nuevos enclaves y nuevos conurbanos”, explica Moiguer.
Es decir, que se terminará lo que el gobernador de Santa Fe Maximiliano Pullaro y muchos otros dirigentes de esta provincia, califican de manera despectiva: “Las riquezas que generamos nosotros en el campo van a financiar al conurbano”, repiten. Pero hay otra manera de verlo y será claro cuando la ecuación se termine como dice Moiguer: Las riquezas de las grandes exportaciones ya no se derramarán sobre el PBI y quedarán más concentradas.
En estos días se anunció como un gran logro que Santa Fe consiguió un préstamo de 150 millones de dólares del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, para todos los accesos a las terminales del cordón industrial. La obra es necesaria, pero la que les cobra los impuestos a las exportadoras que se verán beneficiadas principalmente es el Estado nacional, que debería financiar estas sustanciales mejoras. Hay que recordar que sólo algunos municipios del Cordón pudieron cobrar alguna tasa a estas grandes empresas que les destruyen todas las calles de sus ciudades con el desfile incesante de camiones cargados con toneladas de cereales. Y la provincia, no logra imponerles el pago de los Ingresos Brutos.